Soy yo alguien, soy yo algo, espero
algo de mi que merezca la vida, hay alguien allí donde todos mueren que pueda
hacer algo para que yo viva, de que forma mi actitud, mi osada actitud puede
arañar la carne de Dios y beber de su sangre en paz, què puedo hacer, ¡oh!
mísero de mí aquí yaciente descubriendo los oscuros manjares de la muerte.
De
qué a servido tanto sufrimiento, què he obtenido a cambio, a caso no merezco
algo en respuesta a mi esfuerzo, (para nada sirve lamentarse que bastante hace
el muerto en su letargo.)
A quién pueda interesar; miento siempre que puedo, me
escondo tantas veces de los demás que me pierdo y no me encuentro. Soluciones
tengo para quien quiera oírlas, sencillas pruebas de valor que tanta gente supera
y que yo, autor de ellas, no puedo realizar. Si, me oculto siempre que puedo,
me da miedo la luz, esa que recorta las aristas, esa que da sombra a los demás,
y a mi quema y escuece, revienta ampollas que supuran sin cesar.
Que
alto he de alzar yo mi diestra, que gentil he de hacer la ofrenda que me
devuelva la libertad. Ocasiones no faltan cuando la conciencia sufre, temas
sugerentes que resbalan por la piel, “y el que piense que reaccione”, yo y mi
duda, que duelo. Sálvame oh!, pues graciosa alegría, quítame esta cadena tan
bien ceñida, ahorra sufrimiento, oh! Piadosa tempestad, es mi fracaso oportuno,
es mi camino eternidad.
Entro en el camino, y me encuentro, a
mi derecha un espejo, a la izquierda una ventana, avanzo unos pasos, poco a
poco acorto el trayecto, paso a paso avanzo hasta el lugar de encuentro, que
dictamen tan sincero me espera al acabar el día, a cuantos senderos he de
entrar para lograr mi libertad, no, para ganar mi libertad, no importa la
distancia, tan solo se valora el camino recorrido. Perdona querida osadía, no
te enfades por abusar de ti, me encuentro tan perdido que no reparo en
reprimendas, no llores querida mía, me queda poco tiempo que estar aquí, y ya
no se si vivo o muerto, no logro establecer parecido, porque en donde yo vivo,
la alegría no se conoce, porque en donde yo habito no se vislumbra aún la
tristeza. Maldito sea yo aquí y por cien veces en ocaso acaecido y en naciones
conocido.
Mirándome
encuentro sosiego, injusta quietud me ofende a la memoria, crédulas falacias que
responden por mi. En estos días mi yo no me encuentra, simplemente encuentra
algo a que aferrarse, siento náuseas y vértigos, las manos me tiemblan los pies
no aguantan tanta presión, me espera algo espantoso y no estoy preparado,
¿podré pues, superar esta prueba?, ¿estaré a la altura de tan digno honor o por
el contrario fracasaré y volveré a la quietud dolorosa?. Cantemos ahora temas
de esperanzada alegría, pidamos ya que vuelva a la vida.
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