sábado, 2 de junio de 2012

DÍA 3 (PRUEBA)


Soy yo alguien, soy yo algo, espero algo de mi que merezca la vida, hay alguien allí donde todos mueren que pueda hacer algo para que yo viva, de que forma mi actitud, mi osada actitud puede arañar la carne de Dios y beber de su sangre en paz, què puedo hacer, ¡oh! mísero de mí aquí yaciente descubriendo los oscuros manjares de la muerte.

         De qué a servido tanto sufrimiento, què he obtenido a cambio, a caso no merezco algo en respuesta a mi esfuerzo, (para nada sirve lamentarse que bastante hace el muerto en su letargo.)
    A quién pueda interesar; miento siempre que puedo, me escondo tantas veces de los demás que me pierdo y no me encuentro. Soluciones tengo para quien quiera oírlas, sencillas pruebas de valor que tanta gente supera y que yo, autor de ellas, no puedo realizar. Si, me oculto siempre que puedo, me da miedo la luz, esa que recorta las aristas, esa que da sombra a los demás, y a mi quema y escuece, revienta ampollas que supuran sin cesar.
         Que alto he de alzar yo mi diestra, que gentil he de hacer la ofrenda que me devuelva la libertad. Ocasiones no faltan cuando la conciencia sufre, temas sugerentes que resbalan por la piel, “y el que piense que reaccione”, yo y mi duda, que duelo. Sálvame oh!, pues graciosa alegría, quítame esta cadena tan bien ceñida, ahorra sufrimiento, oh! Piadosa tempestad, es mi fracaso oportuno, es mi camino eternidad.

         Entro en el camino, y me encuentro, a mi derecha un espejo, a la izquierda una ventana, avanzo unos pasos, poco a poco acorto el trayecto, paso a paso avanzo hasta el lugar de encuentro, que dictamen tan sincero me espera al acabar el día, a cuantos senderos he de entrar para lograr mi libertad, no, para ganar mi libertad, no importa la distancia, tan solo se valora el camino recorrido. Perdona querida osadía, no te enfades por abusar de ti, me encuentro tan perdido que no reparo en reprimendas, no llores querida mía, me queda poco tiempo que estar aquí, y ya no se si vivo o muerto, no logro establecer parecido, porque en donde yo vivo, la alegría no se conoce, porque en donde yo habito no se vislumbra aún la tristeza. Maldito sea yo aquí y por cien veces en ocaso acaecido y en naciones conocido.
         Mirándome encuentro sosiego, injusta quietud me ofende a la memoria, crédulas falacias que responden por mi. En estos días mi yo no me encuentra, simplemente encuentra algo a que aferrarse, siento náuseas y vértigos, las manos me tiemblan los pies no aguantan tanta presión, me espera algo espantoso y no estoy preparado, ¿podré pues, superar esta prueba?, ¿estaré a la altura de tan digno honor o por el contrario fracasaré y volveré a la quietud dolorosa?. Cantemos ahora temas de esperanzada alegría, pidamos ya que vuelva a la vida.

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