sábado, 12 de mayo de 2012

DÍA 2 (VIAJE)


En un mundo inhóspito por naturaleza cualquier hombre que quiera muere, quien puede nace.


         Esperabas caer de envidia y renacer pletórico de angustia, intentabas andar tan alto que los cielos despeinaran tu tristeza, oteabas tantos lustros que tus ojos no pensaban y tu vista no veía. Largo camino viajero, largo tortuoso sendero atravesarás con tu escoba, recogiéndolos deshechos que otras gentes como tú, en otro tiempo lo seguían, a lo lejos una luz, en lo alto un castillo y a tu lado piensa solo en andar sin compañía. Soy en la mañana lo que en la noche parecía, ser hombre o ser humano que camina noche y día. Doscientos años anduve, largo camino es el del penitente largo y tortuoso, a veces estrecho otras no tanto, la cuestión es que no queda otro remedio que hacer lo que está mandado, a mi me toca esto y tengo que aceptarlo.
         Un amigo me dijo una vez, que le encantaba ver como el fuego consumía poco a poco la madera y ésta no hacía nada por evitarlo, la materia es capaz de cambiar en un instante, y yo aquí observando sin moverme, sin cambiar, inmóvil como una estaca clavada en la tierra, rígida, esto me contó un amigo, y yo aquí sin poder parar, sin poder clavarme cual estaca en el campo.
         Ayer hizo uno más, ayer pensaba detenerme y no pude más que andar sin saber cuando parar, vencer a la muerte. Unos nacen cuando otros mueren, yo ya he muerto y lo que a mi me toca es algo que no comprendo, imagina a tu sombra cuando baila en las esquinas de las casas, se van turnando en desparpajo, van riendo su apatía. Acuérdate de las manos negras, recuerda las huellas que decían; odio de amor por las noches siento, miedo y temor por el día quiero. Los pies son las palas de tu rencor, instrumentos de Dios para satisfacer la hambruna, y mi obsesión no va más allá de esas manos tan oscuras.
         Quiero morirme otra vez, quiero yacer y aquí tendido resoplar el dulce aroma del placer, el dulce aroma de matar, deseo tanto dejar de vivir, que cuando consiga resucitar, retroceder, girar o dar marcha atrás, éstas serán maniobras que decidirán si puedo seguir o en cambio parar.

         Sin cambio alguno de actitud, encuentro en el viajero síntomas inequívocos de sufrimientos pasados, pues nada es imperecedero, reglas que acusan el camino recorrido, estigmas grabados en sangre, líquida y fluctuosa avenida de recuerdos que engastados a fuego en los pies, delatan la agonía recorrida. Caminos hay muchos, pero ninguno merece tanto la pena como el camino del regreso, la vuelta a la vida es el comienzo de lo perdido, hallar pues lo extraviado y recobrar lo no tenido merece un llanto de alegría y un canto de esperanza.

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