sábado, 31 de marzo de 2012

Dìa 1 (Muerte)


Mientras escuchas la triste música, avanza hacia ti como impenetrable sonido angustioso que se apodera poco a poco, se mezcla con el resto de tu cuerpo formando el todo absoluto, agonizante, proyectado y proyectante anguloso que no sonríe, ni te miente, solo te perturba, como la paz intensa que recuerdas al nacer. Un descanso tras la batalla que camina por el sendero suntuoso y esbelto de la mañana, llega y se acerca sigiloso, se deshace como el cantar de las golondrinas en el amanecer cotidiano. Somos gentes pacíficas y sencillas, tal vez algo maravilladas por el llegar de los tiempos, al fin terminados. Se piensa en nuestro futuro como el que nace al morir sin pecado, no se comprende su extensión ni se reacciona ante ella, ni al clamar se piensa, solo se llora. La decadencia entre culturas, el canto a lo olvidado y el querer paupérrimo a lo no encontrado.
-¿Es tan solo esto lo que podemos esperar de nosotros mismos?. Porque, yo me pregunto; no somos capaces ni unos pocos de parar la máquina diabólica del querer. El retórico canto a lo olvidado con tintes de maldad e incultura, la más baja clase social que unida a un mismo hilo se levanta para ofrecer al ciudadano menos humano la oportunidad de participar en lo común, en lo que a nadie o en poco se les ha ofrecido jamás.
El tiempo en su máxima extensión no ocupa el vacío que llego a crear su propia condición de hombre, porque para serlo lo tiene que saber acabar. No os mintáis mientras lloráis, no escuchéis vuestro pobre llanto, pues os sabrá a rico manjar de esperanza comparado con la verdad de vuestra propia existencia, sois pobres en espíritu, en conciencia y la desidia de vuestra vida os ha llevado a tal punto en el que no regresaréis jamás. No os quejéis ni os lamentéis, vivid mientras podáis que bastante hace el muerto en su letargo.
No amanece tan pronto como al ver la mañana caer, se oculta el día y aparece la oscuridad. Que no se piense ni por un momento que detrás de cada día se oculta lo acaecido, lo pasado o lo perdido, un pasado de mentiras que se cruzan con el habitante despistado. No te imaginas la de oportunidades perdidas al nacer, no se te ocurre a ti, que escuchas el grito del que a tu lado llora, el haber nacido a veces se atraganta en lo profundo y quieras o no te ahogas y te secas, sí, como un profundo lago de angustiosa longitud. No me preocupa ni me importa de alguna manera la idea de sentirme mal por mi presencia, solo lo que a mí me toca en desdicha me perturba directamente y puede ofenderme, no todo lo que afirmo en estas frases tiene algo de cordura, solo se demuestra en ellas mismas la intransigencia moral que mi recuerdo ofrece en la distancia, se oculta en imágenes nítidas, pero no me preocupa la intervención más o menos adecuada, solo el hacer acto de presencia me impide opinar con objetividad.
Tan solo miento al pensar en mi propia reacción, miento al mirarme y me observo, tan claro como en realidad soy, lo propio que me pertenece al escribir s a lo que a mi me han hecho renunciar, soy  algo que no encuentro, soy lo que no se ha creado; la libertad.
Música infame y  lingüística oración, es la surge tenebrosa a la leyenda de Dios, de poca trayectoria e intransigente cortesía sois vosotros, los húmedos canales los que descargan sobre los pobres las tremendas pesadillas, salen, huyen, se esconden y no es más que la deshonra del que no teme a la muerte.
-¿Se equivoca mi mente mientras sueña?, o es tan solo que no supera la realidad, no se acuerda que es más pesado, si el tronar de lo cotidiano, o el aflorar los resquebrajados y lagunosos recuerdos.
-¿Me miente el sentido?. Se afana en seguir y mintiendo recobra el ánimo, se divierte mientras mira, y lo hace tranquilo, disfrutando paso a paso de la memoria de mortal desgraciado, ya que desgraciada es la existencia del mortal que enfrente vive, desgraciada es, y convive con todos en su adversa travesía por el mundo. Aquel que se imagina tan grande que se olvida de subsistir, se apodera del más pequeño reducto de humanidad, la subdivide, la multiplica, la desmembraba y la destruye, se consigue que se piense por un momento en la felicidad del más pequeño, se mejora de esta forma que se vea tan bien como se imagina, enmascarando al humano más tranquilo, e imponiéndole el tabú más desagradable que pudiera imaginar.
Es la desdicha de todo bicho, nadie se libra de esta condena, ni el que se cree más pequeño, ni el más brutal ser viviente, nadie se libra, es más, uno a uno y entre ellos mismos se pisan la conciencia, y no es la misma de antes, no, es aquella que deja libre los movimientos y quiere hacer de ellos pequeños impulsos que se convierten en acciones mayores, no, la conciencia ya no es la misma, se trabaja en otro modo; se divide al sujeto en pequeños trozos cada uno independiente del otro, pero todos juntos dependientes del más rudo sentimiento, el consciente valor moral que ya no aflora, no se levanta cuando sucede lo que no se piensa, y lo que no se piensa no se sabe.

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