martes, 2 de octubre de 2012

Dia 7 (Muerte II)



Que mis días sean los tuyos, que mis manos toquen lo mío, que mis ojos vean y que mis oídos oigan lo que tú, y que tú seas yo como yo soy tú. Que no te asuste el regreso a mi diestra, ya que será un manjar de alegría el poder ver y oír mi nombre, con cautela acerca tu mano para comprobar mi verdad,
         Y que por ahora todo sea lo mismo, ya que has muerto y todo da igual, que las noches sean eternas y los días oscuridad, que los cielos y la tierra padezcan mi ira, y que yo que soy mi llanto no consiga atrapar más que un pobre canto, un hilo de felicidad. Solo con la luz de un mediodía conseguiré guiar un ejército, y con sus mil almas rogaré silencio, y con la mía rogaré un poco de paz.
         Siniestros tantos que dan miedo, enjambres de trémulo desasosiego que impera en las altas techumbres de lo abismal, colinas hay por cientos, cumbres que resoplan ardientes vientos, mares de incauta tranquilidad vociferan reclamos de ternura, con ansias de maldad, valles que ocultan lejanía, lejanos países que dan al mar, fronteras naturales ya no quedan, solo hay oscuridad, densas tinieblas que funden el mundo, borrasca de ácido manantial encuentra en mí el camino, consigue de mí encarnar a trozos vivos de mala sangre a estrechos lagos que dan al mar.
         Si mi corazón se ahoga en lo estrecho y mi alma no puede más, qué será hoy de lo que no ha nacido, que futuro le espera. Simiente sin germinar que oculta el día, no me esperes levantado que yo iré a tu encuentro, y al regresar caminaremos rectos, pues tú ya sabes que esto es eternidad, que la muerte te acompañe, que la dicha sea completa y que por el resto de este día pronuncies mi oración: Yo que soy mortal, yo que a ti he venido, dame tú la oportunidad de encontrar el camino. En tus manos pongo las mías, sobre ellas la verdad, dame tu fuerza y esperanza para poderte venerar.



         Que os quede claro una cosa, todo lo que acaecido en los días pasaron, se tornará gris, todo lo que habéis soñado pasará a ser venganza, el pan que no halláis comido o el agua que no habéis bebido se secará en vuestras entrañas, ya que sois vergüenza de raza y cultura, último reducto de humanidad que disfruta sin esperanza alguna de la victoria final. Y si os persigue la muerte, - ¿qué podéis hacer?. Pues correr no sirve de nada, mas solo abrir los ojos y esperarla con sosiego, la venida del último día será OH!. Pues nuestro aliado, porque en ese momento la carne que no es carne volverá a la vida y todo aquél que no creyó, quedará aquí confinado por los siglos de los siglos. El que sí tuvo fe campará libre por mis viñas, olerá frescas flores y de sus pétalos aromas miles extraerá, porque él será quien herede de nuevo mi reino, y en él su mano dictará justicia como yo antes había hecho.

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