martes, 15 de septiembre de 2020

Tu llegada.

Las luces que nos ciegan encarnan agonía, ahora las nuevas noches despiertan, ya no duermo. 
El sueño me cansa, no piensa, me distrae, si apagas la luz verás y no encontraras respuesta, ahora que ya he muerto.
 Son los minutos ardientes mensajeros los que hacen como miras, si ríes, es confuso callas y otorgas, dejas a la fortuna que piense que opine y yo muero otra vez, sí me perdonas por lo que no he hecho, si  desahogarme por lo que no he pensado, si haces de mí un saco; golpea, apalea, destruye si solo miras  ya  me has matado.
Qué ventaja das, que ofrendas aceptas, qué regalos consientes, no mires que matas no hables que dueles.
 Ahora mientras muero la luz ya no quema, que no es luz, simple reflejo. 
Ahora mientras ya no vivo tu luz más me daña, que no soy nadie, que anduve con vida y no era mía, que los pies que me sostienen no los merezco, que no merezco las manos, que no merezco esta voz, que mis ojos ya no quieren ver si no es a ti los pies sólo ven si es por ti, y mis manos no quieren tocar nada que no seas tú. 
Ahora esta voz ya no habla, solo dice tu nombre y mis ojos sólo una luz quieren ver y como esta luz ya no veo…. ahora soy ciego.
 Sólo pienso en partir creyendo que la distancia curará mí desgracia, aunque solo engaño a quien con la distancia sufre, al que sólo lo hace con la mirada, a ese… nadie curará
Si te ríes y ya no lloras ni cantas ni a la luz bailas, por qué no saltas, si los pies son tuyos, que la voz que te habla no dice nada, y como  la nada ya se fue, tus días ya me dejaron, tu voz ya no me habló, esos besos que no me diste, me dijeron adiós, la mano que no me tocó saludó a un nuevo día, y a él con agonía, ahora miro yo.
 No tengo valor a decir adiós, pues sé que es sinónimo de dolor, aunque tampoco lo tengo para mirarte y saber que no soy nada, entonces te digo adiós y con el amor, tu llegada. 

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